Quién inventó las vacunas

Quién inventó las vacunas



El inventor de la vacuna es el médico inglés Edward Jenner (1749-1826) el año 1796 en Gran Bretaña. La primera vacuna de la historia estaba creada para combatir la enfermedad infecciosa de la viruela.

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Todo comenzó con unas vacas. Los humanos hemos luchado desde siempre y de mil maneras contra las enfermedades con un éxito sólo moderado. Y las batallas más desesperadas fueron contra las enfermedades infecciosas, las grandes epidemias que diezmaron poblaciones enteras en poco tiempo.

En parte, la causa fue durante mucho tiempo la ignorancia de lo que pasaba cuando nos poníamos enfermos. Tampoco sabíamos nada de nuestro sistema inmunitario. Por lo tanto, ignorábamos contra qué luchábamos y de qué manera lo hacía nuestro cuerpo.

Pero algo se iba aprendiendo y en 1768 un médico inglés, Edward Jenner, escuchó como una granjera comentaba que ella no podía sufrir la viruela porque ya había sufrido la viruela de las vacas.

en qué año se inventó la vacuna 1876
Edward Jenner es el padre de las vacunas.




Los agricultores ya habían notado que, si te infectabas con una enfermedad que afectaba a las vacas y que ocasionalmente pasaba a los humanos, ya quedabas libre de sufrir la viruela. Si pasabas primero la viruela vacuna, quedabas «vacunado».

Ahora ya no la recordamos, pero en aquel tiempo la mortalidad causada por la viruela era muy alta. Por ello, encontrar un tratamiento o una manera de prevenirla era una de las prioridades de los médicos.

Se habían hecho intentos inoculando muestras de personas que padecían la viruela en forma leve a personas sanas, una técnica que llamaba virulación. Pero esto no funcionaba mucho y en la mayoría de ocasiones el receptor padecía la enfermedad en forma grave.

Pero Jenner pensó que la enfermedad de las vacas podía servir para preparar el cuerpo para luchar contra la viruela. Al menos, esa enfermedad no era la misma viruela, por lo que el riesgo del procedimiento era menor.

Entonces cogió un poco de pus de las ampollas que tenía una granjera afectada de la viruela vacuna y la inyectó al hijo de su jardinero, un niño de ocho años llamado James Phipps. Después inyectó al mismo niño pus de una persona enferma de viruela y pudo comprobar que el niño no enfermaba.

Es evidente que en aquella época no se miraba mucho eso de los comités éticos. Aunque inyectar muestras de enfermos a personas sanas se hiciera en aquel tiempo para tratar de prevenir, hacer algo así hoy en día sería impensable. Desde el punto de vista de aquel tiempo, Jenner primero «vacunó» al niño y luego lo «virulizó».

Como la mayoría de buenas ideas, el procedimiento de Jenner no fue muy bien acogido al principio. Había escrúpulos inyectarse cosas provenientes de vacas y, seguramente, también envidias de colegas. Pero al final el procedimiento se fue imponiendo. Napoleón hizo vacunar sus tropas y, cuando algunos miembros de la nobleza vacunaron a sus hijos, todo el mundo se apuntó.

Hoy en día la viruela está «oficialmente» erradicada gracias a aquellos inicios. Jenner, aunque rechazó muchos honores de aquellos que al principio lo despreciaron, se hizo famoso y rico.

Tras el primer paso, el camino lo siguió Louis Pasteur, que en 1886 consiguió la vacuna antirrábica. Entonces ya se empezaba a ver claro que los causantes de estas enfermedades eran diferentes microorganismos y que inyectar los microbios muertos, por lo que no hicieran enfermar, hacía que las defensas aprendieran a matarlos con mucha más eficacia. Unas explicaciones sencillas al principio, pero que ahora, que ya sabemos cómo funciona el sistema inmunitario, comprendemos muy bien.

El camino estaba marcado y con el tiempo se fueron desarrollando más vacunas, más seguras y más eficaces. Gracias a ello, muchas enfermedades nos suenan a historias del pasado y ya no nos hacen sufrir. Por eso, cuando aparece una nueva enfermedad como el sida, una de las primeras cuestiones que se ponen sobre la mesa es: ¿cuando dispondremos de una vacuna?

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